La maternidad de las supervivientes (II): El parto

Cuando una mujer está de parto, necesita confiar en el poder de su cuerpo para poder dar a luz a su bebé. En el caso de las supervivientes de abuso sexual infantil puede resultar difícil, ya  que necesitan tener el control sobre su cuerpo.

Muchas mujeres se sienten también indefensas y expuestas, con desconfianza ante las figuras de autoridad (ginecólogo/a), miedo al dolor, a la invasión de sus cuerpos y la incomodidad ante las situaciones nuevas. Si imaginamos a una mujer de parto tumbada en una camilla, en posición de litotomía, conectada a los monitores, sin posibilidad de moverse y con los genitales expuestos al personal sanitario mientras se suceden las contracciones, podemos hacernos una idea de porqué para las supervivientes de abuso sexual infantil, las intervenciones que generalmente se dan durante el parto, pueden ser disparadores desencadenantes de trauma.

Los disparadores son estímulos ambientales (olores, sonidos, imágenes, sensaciones corporales,…) que cuando se dan, conectan directamente con las experiencias previas de abuso. Algunos son propios el trabajo de parto, como las contracciones, náuseas, sangre, gemidos, temblores o la sensación de tener un bebé en la vagina, que pueden evocar recuerdos de traumas conscientes o inconscientes.

Otros disparadores se dan con los procedimientos clínicos: el entorno hospitalario, el personal sanitario,… provocando sentimientos de impotencia, miedo, pérdida de identidad y peligro.

Por ejemplo, puede ocurrir que la mujer sea tocada sin permiso y esto le provoque miedo, recuerdos del abuso y sentimientos de invasión que pueden llevarla a evitar todo tipo de contacto o sentirse incómodas con el cuerpo del bebé en el pecho. Algunas posiciones utilizadas por las mujeres durante el trabajo de parto también pueden desencadenar recuerdos o sentimientos de abuso.

Hay que tener en cuenta que durante los momentos de estrés, las palabras o las acciones del personal sanitario pueden interpretarse negativamente. Expresiones como “abre las piernas”, “esto te dolerá solo un poco”, “relájate y no te dolerá tanto “,…  pueden ser las mismas palabras que usó el abusador, provocando miedo a una mujer que experimenta su cuerpo con una sensación de angustia, vergüenza y daño.

A menudo se produce una crisis cuando una mujer en trabajo de parto se da cuenta de que es realmente incapaz de controlar el proceso. Las supervivientes puedes sentirlo como un flashback de su impotencia durante el abuso, reaccionando de diferentes maneras. Algunas luchan contra este sentimiento tensándose o resistiéndose a la ayuda. Otras pueden pedir la anestesia epidural como una salida al dolor y otras se vuelven sumisas, pudiendo incluso disociarse para hacer frente a la angustia abrumadora.

La epidural a menudo les da un mayor sentido de control sobre el comportamiento, pero en el caso de las mujeres para quienes el control significa poder escapar o protegerse físicamente, la anestesia supone una pérdida del mismo porque no pueden usar sus piernas.

Algunas supervivientes pueden evitar inconscientemente que el trabajo de parto  se salga de su control, al menos por un tiempo. El estrés, la ansiedad y el miedo causan la liberación de hormonas (adrenalina, cortisol,…) que retrasan el parto y que pueden conducir a una cascada de intervenciones médicas, dando como resultado un trauma emocional o físico.

Todos estos inconvenientes se podrían reducir mediante la preparación previa de la madre y a través de un cuidado respetuoso durante el parto. Si la mujer se rodea de personas sensibles que la ayuden a disipar algunos temores y la empoderen ofreciéndole diferentes técnicas de afrontamiento como la relajación, el control mental, control de la respiración,… hay muchas más posibilidades de que las supervivientes tengan una experiencia positiva de su maternidad.

Esta experiencia ha de incluir un buen resultado tanto físico como emocional para la madre y el bebé. Un recién nacido sano con una madre deprimida o traumatizada no es un buen resultado y, aunque para las supervivientes de abuso no es fácil tener una experiencia de parto positiva, es posible si tanto la mujer como el personal sanitario que la acompaña tienen una verdadera comprensión de sus necesidades. Si ambos trabajan juntos con éxito y con la ayuda necesaria de otras personas clave, las posibilidades de un buen resultado físico y emocional mejoran, contribuyendo a un mayor bienestar de la madre y el fortalecimiento del vínculo con su bebé.

Simkin, P.T, Klaus, P. (2009) “When Survivors Give Birth. Understanding and Healing the Effects of Early Sexual Abuse on Childbearing Women”. Classic Day Publishing. Seattle.

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